Buñuel, Dalí y el imaginario Rajoy


“El Surrealismo era yo”, decía el surrealista de todos los surrealistas, Salvador Dalí. De forma cuasi paralela el que construyó una filmografía con un estilo narrativo realista, enmarcado de lleno en la tradición esperpéntica española, Buñuel, perfilaba algo que quizás hoy no hubiera repetido, o sí: “Me gustaría poder levantarme de entre los muertos cada diez años, llegar hasta un quiosco y comprar varios periódicos”.

Un día como hoy, pero hace treinta años nos quedamos sin Buñuel, un hombre que convocó al erotismo y retó a la moral judeocristiana. Los destinos de estos dos seres especiales parece  que siguen teniendo citas inesperadas; cuando se recuerda la muerte de Buñuel, a Dalí se le dedica una increíble exposición en el Museo Reina Sofía de Madrid. Allí estará la muestra hasta el 4 de septiembre por la que ya pasaron más de medio millón de personas entre las cuales me encuentro. 300 obras, de las que unas 30 son nuevas, no se habían mostrado nunca. Es una exposición irrepetible, tan fascinante como su protagonista. Aquí queda esta propuesta de plan.

Lo confieso, no  lo puedo evitar… A la vez que me empapaba del imaginario de Dalí, la actualidad ataca de nuevo y no, no es una peli de Buñuel: El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, afronta con tranquilidad y “sin nada que temer ni esconder” su comparecencia del próximo jueves ante el pleno del Congreso para dar explicaciones sobre el caso Bárcenas y en la que garantizará que él está a la cabeza de la lucha contra la corrupción.  

Les parecerá una caricatura pero, todo apunta a que la exposición en ese museo llamado Congreso de Rajoy del próximo jueves vaya en la dirección de la autopista más surrealista, esa a la que apunta el bigote de Dalí, el que llevaba para no llamar la atención.

La economía, como principal obra escultórica de Rajoy, ocupará gran parte de su comparecencia, y, de hecho, la petición realizada por el presidente del Gobierno para acudir a la Cámara baja tiene por objeto informar de la situación económica y política del país.

No obstante, el Gobierno defiende la legitimidad de Rajoy para hablar también de algo tan relevante como los últimos datos económicos que se están conociendo, entre ellos la última encuesta de población activa.

Quizás debería haber empezado este artículo con una premisa más actualizada con pinceladas surrealistas: “Las comparecencias se afrontan sin nada que temer, ni esconder”.  Ahora bien, Dalí no se anda con bromas: “No soporto estar en un país más surrealista que mis pinturas”.  El jueves está ahí, no hay tiempo. Sólo nos queda Buñuel y, quizás, señor Rajoy, debería tomar nota: “Admiro al hombre que permanece fiel a su conciencia, a pesar de cualquier cosa que ésta le inspire”.  

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