Nieves Herrero seduce al sector audiovisual: ‘Con dinero, Garci, haría la película’


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Cuando la vida te regala un encuentro con alguien al que admiras tanto te cuesta articular palabra, dirigirle una mirada, hasta te tiembla la voz… Sin embargo,  sientes su mano  fuerte y mirándote a los ojos, te ayuda a mejorar compartiendo experiencias y, a pesar de ser una grande,  por sus poros, en su voz  y en cada uno de sus gestos me contagió  ilusión, una energía desbordante  además de una humildad  inalterable desde aquel 1985 cuando empezaba su carrera en televisión junto al maestro Hermida.  Así fue, me senté al lado de Nieves Herrero y me atreví: ¿Le podría hacer una entrevista? ¡No se me ocurre mejor forma de empezar mi sección nueva, se llama ‘Retratos’!, le dije intentando disimular mi timidez.

No sólo dijo sí con la mejor de sus sonrisas sino que compartimos algo que sacó de su bolso, una de mis debilidades que  además, en ese momento, me dio vida: ¡Chocolate!

Bien estábamos listas, la verdad, Nieves más que yo…  Tenía delante a una periodista referente, abogada, máster en criminología, treinta años de experiencia en medios y también docente.

Pero lo que yo realmente necesitaba era dibujar el corazón de la escritora ya que su último trabajo es una novela titulada: ‘Lo que escondían sus ojos’.

La trama de la obra comienza en una noche otoñal de 1940, entonces la alta sociedad se divierte en una brillante fiesta en el hotel Ritz de Madrid. Hace más de un año que ha terminado la guerra y aristócratas y nuevos jerarcas del régimen “ansían distraerse y lucir sus mejores galas, ajenos a las penurias del resto de los españoles.

Una mujer destaca por encima de todas: alta, rubia y con un vestido de su modisto y amigo Balenciaga, su belleza no tiene rival; es Sonsoles de Icaza, esposa del marqués de Llanzol, relata la novela.

De pronto, su mirada se cruza con la del hombre del momento, el flamante nuevo ministro de Asuntos Exteriores, Ramón Serrano Súñer. Ambos destacan como faros entre la multitud que les rodea y su irresistible atracción será, desde ese momento, inevitable. En un país devastado y en un ambiente de falsa neutralidad, con la Segunda Guerra Mundial como telón de fondo, y los nazis y aliados 

Como lectora, reconozco que hacía tiempo que no leía un libro tan audiovisual, con unas descripciones que te ayudan a dibujar en la mente cada detalle, cada mirada…  

-¿Pensaba usted en un guión de televisión o de cine al escribir esta trama?

– Tengo que reconocerlo, pensaba en imágenes. De hecho,  a los días de salir esta novela al mercado ya se interesó una productora en llevarla a la televisión y luego se fueron incorporando, dos, tres, cuatro y hasta cinco productoras. Y ahora es Telecinco, Mediaset quién se interesa también por la trama que yo siempre vi en una pequeña o gran pantalla.

-Desde la primera página se percibe un impecable trabajo de investigación, para esta labor intensa: ¿Fue la periodista la que ayudó a la escritora?

-Desde luego que sí. Me ayudó mucho tanto mi lado periodístico para la documentación de esta novela… Había mucha documentación de la Segunda Guerra Mundial y de Serrano Suñer pero no había absolutamente nada del resto de protagonistas que eran la Marquesa de Llanzol, el Marqués, o la mujer de Serrano, Zita Polo. Tuve que verme con mucha gente, tirar de muchos hilos y sacar testimonios. Esa labor ha sido totalmente periodística.

-¿Hay más historia o ficción?

-De entrada le dije a  mi editora que si hago una novela histórica tendría que contar con herederos. No podría escribir de Colón, ¡sería todo inventado! Sin duda, hay más Historia que novela; la ficción representa un 30% y un 70% son hechos reales. Y hasta eso que era ficción  me he ido alguien y le he preguntado: ¿Dónde irían a verse? Esto le pregunté a la Condesa de Romanones, Aline Griffith que fue espía y amiga de Sonsoles de Icaza y le dije ¿Dónde crees Aline que se podrían ver? Muy fácil Nieves: Se veían en pisos en donde no dejaban rastro.

-Las meigas gallegas, en concreto en Mondariz, ¿hicieron de las suyas en esta historia de amor?

-En el balneario de este bellísimo lugar gallego, el marido de Sonsoles le dice que vaya a tomar las aguas porque acababa de dar a luz y estaba lánguida. Aquí, la marquesa de LLanzol se da cuenta que su marido no le acompaña en las necesidades intelectuales y reconoce su amor por Serrano Suñer. Ella que era una mujer fría, distante y egoísta de repente lo que realmente la humaniza es esa pasión que siente por Serrano.

-¿Hasta qué afectó a los protagonistas esa relación clandestina?

-A medida que se van enamorando, Serrano va perdiendo poder político. Es paralelo su pérdida de poder y su cese final al amor que él va sintiendo por esa mujer. Ella, en cambio, lo que hace es desbaratar su vida. Tenía una vida muy cómoda, muy caprichosa, hacía lo que quería y su marido se lo consentía todo. Es en el momento que conoce a Serrano cuando empieza a padecer porque realmente no puede hacer lo que quiere, Serrano es el que lleva la voz cantante. Con esta pasión, los dos se bajan del pedestal en el que estaban.

-¿Quién cedió más terreno o pagó mayores consecuencias de esta relación, Serrano o Sonsoles?

-Ninguno de los dos. La víctima de todo esto es el fruto de ese amor, Carmen Díez de Rivera. Los padres se amaron de una forma casi incosciente. La madre que fomentó tanto la amistad con los Icaza y los Díez de Rivera provocó que su  hija jugara con fuego.

-Con tanta información y datos… ¿Hay alguno que le llegase después de la publicación del libro?

-Recuerdo que pude saber después que Zita Polo llegó a pedir a algún amigo íntimo de Serrano que mediara para que dejara a esa mujer. Esto paso en la realidad después de 1940-41-42 que son los años en los que transcurre mi novela. Por razones como esta me apetecería escribir hasta una segunda parte; creo que el hecho de que ella escribiera cartas pidiendo, por favor, ayuda me parece más que curioso ya que  ella era una mujer que no daba un paso sin que lo supiera su marido.

-Y durante las firmas de libros, con herederos vivos…. ¿Hubo sorpresas?

-De repente, vino una bisnieta de la marquesa a que le firmara un libro. Muy nerviosa, tragué saliva y dije, ¡ay Dios mío, que va a pasar! Enseguida se dirigió a mí y me dijo “es que esta historia nunca me  han contaron mis padres y tenía verdadera curiosidad”.

Pero otra sorpresa que también recuerdo con especial ilusión fue cuando el director de cine José Luis Garci me dijo, hace poco: “Si tuviera dinero, Nieves, yo haría de esta novela una película” y enseguida le pregunté ¿Y quién sería Serrano Suñer? Kevin Costner ¡Me encantó!

No me olvido de las señoras que se han acercado a mí para decirme que sería muy buen Serrano Suñer, José Coronado.

-Y los tuyos, ¿qué opinan de ‘Lo que escondían sus ojos’?

-Mis hijas lo han vivido de una forma muy intensa porque no me han visto mucho durante la elaboración de esta novela. Yo pensaba que no era una lectura para ellas pero, una de mis hijas se fijó fundamentalmente en la historia romántica y, la otra, le llamó la atención los datos intrínsecos de la época.

-Ante una historia así  y empezando con una dedicatoria a tus padres, a los supieron amar en tiempos difíciles, imposible no preguntarse: ¿Al amor hay que disculparlo siempre?

-Esta es la verdadera esencia de mi novela… Mis padres se casaron mu y jóvenes en esa época de los años 40, justamente en la que yo narro. En ese momento nació mi hermano mayor con el que me llevo 20 años. Él si es hijo de posguerra,  de esa generación, incluida la de la marquesa que  vivieron todo muy intenso. Auténticamente eufóricos y siempre presente una sensación: “corramos porque a lo mejor el mañana no existe”.

Dedicárselo a esa generación que vivió y amó a pesar de que eran tiempos difíciles.

 

Mi tiempo con Nieves se acababa, me recordó que me quedaba el último trozo de chocolate –ese te toca a ti-, me dijo amablemente. Como es lógico, con su libro entre mis manos, le pedí, por favor, si me lo dedicaba… Mientras escribía y me dibujaba unos ojos gigantes me preguntó que si sabía cuál era uno de los aprendizajes más difíciles para el ser humano. Entre que intentaba ver la dedicatoria y los nervios que ni el chocolate consiguieron dominar, la verdad, me quedé en blanco. Paró de escribir por un momento y me dijo: “El poder del perdón… porque ‘Al amor hay que disculparlo siempre, ¿no crees?“

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