Decidir qué quieres ser de mayor, un problema también para Cataluña


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Una separación de mutuo acuerdo que permita a Cataluña seguir disfrutando de las mismas relaciones económicas con el resto de España, entrar en la UE y seguir en el euro es el sueño de todo independentista catalán. Incluso el Barça podría seguir en la liga española de fútbol (algo que preocupa a mucha gente) y no se vería obligado a jugar la liga catalana contra el Puigcerdà u otros equipos de segunda fila.

Pero para lograr este escenario habría que modificar la actual Constitución. Y para hacerlo se precisa un referéndum en toda España (además de un acuerdo previo en Cataluña). Es decir, de un pacto entre el PP y el PSOE. Esto es imposible. Ninguno de esos dos partidos iba a asumir algo así y no creo que en una consulta estatal se aceptara la independencia catalana.

El problema fundamental está en determinar quien tiene derecho a votar en un posible referéndum separatista. Esa es la cuestión central. Los nacionalistas catalanes afirman que solo los ciudadanos de Cataluña tienen derecho a decidir sobre su destino. No estoy de acuerdo. La independencia de una parte de un Estado afecta a todos los miembros de ese Estado, independientemente de si viven o no en el lugar que quiere separarse. Esto es así en todos los casos, excepto en situaciones de genocidio o de invasión militar. Dos circunstancias que ahora no se dan, aunque algunos extremistas manejen estos conceptos de manera irresponsable.

Los independentistas saben que el modelo tipo Checoslovaquia (secesión pactada) es inviable y por eso se ven obligados a optar por el plan B, el modelo Kosovo, es decir, la independencia unilateral. Lo que implica romper el marco legal vigente y asomarse a un abismo sin fondo. Para conseguirlo se necesitaría una consulta previa, pero el Estado nunca la autorizaría, por lo que no se daría esa condición necesaria. Si de todas formas se produjera una declaración de independencia…

 ¿Qué consecuencias tendría?

En primer lugar, los responsables se expondrían a la legalidad española y deberían responder ante la justicia, ya que estaríamos ante un acto ilegal. El Estado podría suspender la autonomía o tomar medidas incluso más contundentes. Toda la comunidad internacional apoyaría a España, ya que la legalidad estaría de su parte. Cataluña fuera de España sale de la UE y no podría volver a entrar porque los nuevos miembros necesitan el apoyo de todos los países que ya están dentro. Tendrían que salir del euro y crear una nueva moneda. Si algún día pudiera entrar en la UE, ese nuevo Estado catalán tendría que pagar y no recibiría ninguna ayuda, ya que le tocaría ser contribuyente a los fondos comunitarios. Si se queda fuera, entonces debería asumir el coste de los aranceles si desea vender sus productos al resto de países miembros de la UE. Esto encarecería los costes de producción y mermaría la competitividad de las empresas catalanas. En una independencia unilateral el Barça sería expulsado de la liga española y todas sus estrellas se marcharían. Muchas grandes empresas abandonarían Cataluña. Si, además, se produce un bloqueo del comercio con el resto de España la economía catalana quebraría en pocas semanas. De hecho la Generalitat hoy está en situación de quiebra y puede seguir pagando sueldos gracias al Estado español del que dice querer independizarse.

Que Artur Mas plantee una posible independencia cuando la Generalitat está en quiebra es ridículo. Solo puede hacer algo así alguien que pone sus intereses particulares por encima del interés general. Todo lo que está pasando en Cataluña debe entenderse en clave partidista. CIU quiere conseguir una mayoría absoluta que le permita no tener que depender del PP o de ERC para sacar adelante sus políticas. Su gestión ha sido un desastre y lo único que ha hecho es destruir el Estado del bienestar mientras recortaba impuestos a los que más tienen. Para cubrir su propia incompetencia ha optado por el camino del enfrentamiento. Artur Mas sabe que los dos caminos posibles para la independencia no tienen futuro. Pero le da igual. Lo único que le interesa es ganar las elecciones y seguir alimentando la confrontación cuatro años más.

¿Qué se puede hacer, pues, para solucionar todo este enfrentamiento entre España-Cataluña?

Una solución imperfecta podría ser un Estado federal que ayudara a calmar las reivindicaciones nacionalistas, aunque esto necesitaría una nueva Constitución que precisaría de un amplio consenso que hoy no se da. La solución definitiva y radical es otra: el fin del nacionalismo. El día que desparezcan el nacionalismo catalán y español todos estos problemas dejarán de plantearse.

Bueno… mientras que los catalanes siguen decidiendo eso de que ‘quieres ser de mayor’ por aquí, en mi tierra me obligarían a acabar este post con: ‘Inocentona’.

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