Un sábado by Raymond Chadler


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Oír la lluvia repicando en el tejado; disfrutar la habitación llena de luz de invierno; elegir una música que haga juego con el aperitivo; disfrutar buscando un libro, una frase de esas que acompañan todo el día y lo justifican; masticar un pepinillo agridulce con un trago de jerez y una anchoa; decidirse por “Todo Marlowe” y bucear en él como quien lo hace en un arrecife de coral. Es mediodía del sábado y estamos a salvo.

“Había un hombre sentado ante un escritorio que tenía mucho polvo, un cenicero muy grande y poca cosa más. Era bajito y grueso. Debajo de la nariz tenía algo oscuro y con pelillos. Me senté frente a él y puse mi tarjeta encima de la mesa. 

La cogió sin interés, la leyó, le dio la vuelta, y leyó el reverso con tanto interés como el anverso. No había nada escrito en el reverso. Cogió del cenicero una colilla de puro y se quemó la nariz al encenderla. 

– ¿Alguna queja?, gruñó.
– Ninguna queja. ¿Es usted Flack?. 

No se molestó en responder. Me dirigió una mirada helada que tal vez ocultara sus pensamientos, en el caso que tuviera algún pensamiento que ocultar. 

RAYMOND CHANDLER. “La hermana pequeña”

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