La barba de Europa, en versión nacional, rasca


59th Eurovision Song Contest

Unos 180 millones de personas vieron por televisión cómo una ‘mujer barbuda’ austriaca triunfaba en Eurovisión. El alter ego de Thomas Neuwirth, Conchita Wurst, ganó el certamen y dedicó su victoria a “quienes creen en un futuro sin discriminación”.

Conchita ha logrado entrar “en la conciencia pública para convertirse sin duda en una figura más reconocible para los votantes europeos que cualquiera de los principales candidatos al Parlamento Europeo”, resalta el experto en mercados financieros Patrick L. Young.

“¿Quién sabe? Tal vez en un esfuerzo por ser más reconocibles para los votantes, veamos con elegantes y ajustados vestidos de lentejuelas a los principales candidatos para llamar la atención en la campaña electoral. El líder socialista, Martin Schulz, ya tiene la barba”, agrega.

Por tweets que no sea: “Ciudadanos de la Unión Europea, ahora utilicen su voto por una Europa abierta“, escribió en su cuenta en Twitter la ministra de Asuntos Europeos sueca, Birgitta Ohlsson, aludiendo a las próximas elecciones continentales, entre el 22 y 25 de mayo.

Y es curioso porque tras saber hace unos días que sólo un 17% de los de nuestro país sabían cuando se celebrarán las elecciones europeas, muchos, muchísimos más sí conocían que tuvo lugar el festival de Eurovisión. Por eso quizá deberían pensar para los próximos comicios hacerlo conjunto. Aprovechar el tirón de este espectáculo musical e intercalar actuaciones con candidatos. No se notaría mucho que están ahí infiltrados porque los temas que “cantan” algunos de ellos parecen sacados del baúl de los recuerdos y otros se pasan de innovadores.

e al interés de Bruselas en convencer a los ciudadanos de la UE de que estas elecciones son diferentes y de que voten en clave europea, la campaña en la mayoría de los 28 se ha centrado, una vez más, en asuntos e intereses nacionales.

En Alemania, la economía y la crisis del euro son los temas predominantes en la campaña electoral, como ya fueron los hilos conductores del debate político de las legislativas del pasado septiembre.

La Unión Cristianodemócrata (CDU) de la canciller Angela Merkel y el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), los dos partidos mayoritarios que gobiernan en una gran coalición, inciden en lograr una Europa “fuerte” y en fomentar el “crecimiento” y la creación de “empleo”.

Los conservadores bávaros socios de Merkel han sido los autores de algunas de las propuestas más polémicas, como la necesidad de restringir el acceso de los ciudadanos comunitarios a determinadas prestaciones sociales ante el temor a la que denominan “inmigración de la pobreza” de rumanos y búlgaros.

En un momento de incertidumbre en la política italiana, con la reciente presentación de reformas laborales y constitucionales, las elecciones europeas se han convertido en una prueba ante unas hipotéticas elecciones generales.

El combate contra el desempleo o las perspectivas de recuperación del crecimiento del país han sido el eje central de los debates.

Mientras el Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo defiende en su campaña la salida del euro, el primer ministro Mateo Renzi ha pedido una Europa que apoye una política del crecimiento y abandone la austeridad pero también “que mire al Mediterráneo”, en referencia a las llegadas masivas de inmigrantes por el sur.

La clave nacional reina en las promos europeas y sí, rasca.

En Francia, una enc10322554_10203901931697238_3434945865421762517_nuesta del instituto demoscópico “Ipsos” del pasado abril indicaba que el 40 por ciento de los franceses optará por el partido que plantee las mejores políticas para su país. Sólo un 16% se decantará por el partido que tenga el mejor proyecto europeo y un 13 % votará contra la manera en que se está gestionando la política francesa.

En el Reino Unido, el debate está centrado en la inmigración y en el referéndum prometido por el primer ministro británico, el conservador David Cameron, sobre la permanencia o salida del país de la Unión Europea (UE) en 2017, siempre que su partido gane las generales en 2015.

En España el debate de la campaña no se centra en temas específicamente europeos, sino que los candidatos llevan a sus actos públicos los asuntos nacionales, en especial la coyuntura económica y el desempleo, que alcanza a algo más del veinticinco por ciento de la población.

Por eso el vínculo entre temas europeos y la campaña sólo se advierte cuando se habla de qué puede hacer la Unión para aliviar el problema del paro y la presión demográfica que se registra en especial en las ciudades de Ceuta y Melilla.

En Grecia la campaña ha cobrado un carácter relevante por coincidir con las elecciones locales y regionales, en las que la coalición de conservadores y socialdemócratas dirigida por el primer ministro Andonis Samarás puede jugarse su supervivencia política.

Las elecciones europeas en Portugal están eclipsadas por la salida del plan de rescate, que en los últimos tres años ha sometido al país a durísimos ajustes a cambio de 78.000 millones de euros.

Una vez que el Gobierno optó por una “salida limpia” del rescate, los medios de comunicación portugueses siguen más pendientes de asuntos domésticos, al igual que los partidos políticos, que tampoco están mostrando un entusiasmo similar al que ponen en cualquier proceso electoral nacional.

En Irlanda, la campaña de las elecciones europeas se celebran cinco meses después de que abandonara con éxito el rescate solicitado en 2010 a la Unión Europea y el FMI por 85.000 millones de euros.

Chipre, otro de los países rescatados, los discursos se basan en temas internos como la lucha contra la corrupción, el desempleo y la atribución de responsabilidad por la crisis financiera que sacudió Chipre en 2013.

El inicio de la campaña electoral en Dinamarca ha girado en torno a temas como las nuevas leyes de protección de datos que prepara Bruselas y sobre todo el acceso a las ayudas sociales para ciudadanos de otros países de la UE, en particular los del este de Europa, cuestión ampliamente discutida en los últimos meses.

En Austria, la campaña electoral estuvo marcada en su comienzo por un escándalo racista protagonizado por el candidato ultranacionalista Andreas Mölzer, cuyo partido, el derechista FPÖ ha seguido con lemas abiertamente antiturcos y contrarios a la UE, una institución que califica en sus pancartas como “tonta”.

República Checa y Eslovaquia. Sus principales candidatos han centrado sus campañas en la creación de empleo, en medidas económicas para superar la crisis, a su vez que han recordado a la ciudadanía la importancia de pertenecer a una Europa unida y próspera.

En cuanto a Rumanía, la campaña electoral europea estuvo dominada por la rivalidad entre el presidente, el conservador Traian Basescu, y el primer ministro, el socialdemócrata Victor Ponta.

Bulgaria, aquí la campaña estuvo marcada por la candidatura del polémico empresario Delyan Peevski, cuyo nombramiento como jefe de los servicios secretos había causado una ola de indignación y protestas en el país.

Desde Hungría, todo indica que el gobernante partido conservador nacionalista Fidesz, que acaba de ganar las elecciones generales, también arrase en las europeas.

En Croacia, país miembro de la UE desde apenas hace un año, la persistente crisis económica ha relegado las elecciones europeas a un segundo plano.

por otra parte, en la vecina Eslovenia, la campaña electoral europea está ensombrecida por la profunda crisis de Gobierno tras la ruptura de la coalición gobernante de centro-izquierda, mientras que el líder de la oposición, el exprimer ministro Janes Janza, fue condenado a dos años de cárcel.

Las elecciones europeas pasan prácticamente desapercibidas en Polonia, donde la atención de medios de comunicación, ciudadanos y políticos se concentra casi exclusivamente en la crisis de la vecina Ucrania y en el temor a lo que llaman “neoimperialismo” ruso.

Mientras tanto en España, qué les voy a decir, corrupción, paro, mucho ‘y tú más’… eso sí, en clave de selfies y las rondas de fotos sin medida que no falten

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Pero para aquellos que piensan que Eurovisión faltó al respeto a la cita electoral que, como insisten e insisten en decirnos, es fundamental para los intereses de los ciudadanos de nuestra gran nación, sólo decirles que piensen si realmente España le está dando demasiado a Europa y recibiendo menos de lo que da, porque eso en contabilidad se llama asiento negativo. O lo que es lo mismo, que las cuentas no cuadran porque entra menos de lo que sale.

Por eso, como antesala de lo que sucederá a finales de mayo, los españoles tienen aún tiempo de pensar y hacer sus apuestas para decidir quién se alzará con una victoria en una cita europea de tan alto nivel. Y después de la final de la Champions, si aún le quedan ganas, ir a votar a las europeas al día siguiente. Ya lo decía mi abuelo y siempre se cumple, con barba sin barba, con o sin Messi, Ronaldo… Pan y circo (varios) para el pueblo.

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