Un rey de cuento y no con cuento, ¿cosas de niños?


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Tenía 11 años cuando en España, la prima de riesgo era una más natural; restricciones de agua a raíz de una sequía que poco tiempo después se plasmó en otra que deshidrató nuestros bolsillos. Entre las tareas que nos mandaban realizar en el colegio por aquel entonces estaba la de hacer un dibujo para un concurso cuyo nombre era ‘¿Qué es un rey para ti?

Con esa edad, yo había visto al rey de España en alguna que otra página de los libros de texto, de refilón en alguna revista de mi madre… pero, llegó el señor Disney y, para qué negarlo, hizo más de un estrago. Mi peculiar idea de lo que era un rey no iba más allá de lo que cualquier niño o niña de ese momento  pudiera pensar: Un rey tiene corona y trono, además de entorno mágico, eso que no falte.

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En ese trono para el rey Juan Carlos se me ocurrió dibujar un grifo; regaba a toda España, menos a Galicia, que agua, incluso en épocas de sequía, nunca nos faltó.

Por si a Felipe VI le pudiera resultar útil, los niños ven a los reyes así, tienen trono, algunos lucen hasta corona, pero lo que si recuerdo es q es indispensable la coherencia con la magia que les rodea. Llegan a los tronos por ‘toque divino’ y eso, aunque parezca banal, tiene su precio. Errores pocos; los mágicos privilegios son muchos.

Las baldosas del Palacio de la Zarzuela brillaban mucho cuando yo las pisé en 1995, igual las pulieron tanto que muchos de los que se pasaron por allí resbalaron en más de una ocasión, Iñaqui, Cristina, Froilán y hasta el propio Rey. La reina siempre fue más meticulosa.

Don Felipe, ahora con la ley de transparencia en las cuentas, el lío constitucional, Cataluña, la resaca de la crisis… no lo tiene fácil, creo que mucho más difícil que su padre.

Maravilloso el recuerdo del ‘Érase una vez…’ de Juan Carlos: «En mi proclamación como Rey, hace ya cerca de cuatro décadas, asumí el firme compromiso de servir a los intereses generales de España, con el afán de que llegaran a ser los ciudadanos los protagonistas de su propio destino y nuestra Nación una democracia moderna, plenamente integrada en Europa».

Y llegó el final de su reinado a sus 76 años: «Y mi gratitud a la Reina, cuya colaboración y generoso apoyo no me han faltado nunca. Guardo y guardaré siempre a España en lo más hondo de mi corazón». De todos los análisis que pudiera hacer ahora, con mi mochila de 29 años, me quedo con el más fiable, el de la niña de 11 años que, como los demás, ¿sabe lo único que piden a un rey o a cualquier dirigente, Don Felipe? Mire a su alrededor, puede ser que esta historia resulte naif, o hasta un poco inocente pero ¡Podemos! no es más que una proyección de esos cuentos que nos gustan a los niños y no tan niños, buscamos personajes de cuento y no con cuento. Apóyese en esa última palabra de su padre, ‘corazón’, el único que corona a reyes y mendigos, el que convence a una niña cuando en 1995 le preguntaban, ¿Qué es un rey para ti?

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