En el laboratorio de Rubalcaba, la vida sigue igual. En el de Durán, a saber.


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Rubalcaba no da un paso atrás ni se queda en segunda fila, se marcha, se borra de la política. Se vuelve a la Universidad a dar clases de Química Orgánica, es decir, a hacer otra cosa después de 21 años de diputado. ¿Se acordará de cómo era eso del Sodio?

Estamos en días convulsos de constantes cambios y renovaciones. Días en los que los líderes históricos se van (Rubalcaba, Juan Carlos I, Pere Navarro, ¿Durán i Lleida?) y nuevas generaciones pujan por ocupar los puestos vacantes.

A Duran y a Rubalcaba les han arrollado trenes distintos; al primero, el del secesionismo oportunista de CDC, y al veterano socialista, con retraso, el de una dinámica perversa que ha ido borrando las señas de identidad por las que su partido fue el favorito de los españoles durante más de una década. Pero los dos convoyes transportan a sus pasajeros por un itinerario parecido: desde una posición central en la política catalana y española hacia una situación progresivamente subalterna, un viaje a ninguna parte.

En tanto que la cómoda ambigüedad de Duran (siempre con un pie en cada orilla del Ebro) quedaba en evidencia en una CiU sin máscaras, Rubalcaba había visto en el conflicto catalán una oportunidad de devolver a su partido a una posición relevante en la política española ofreciéndose como solución.

La metáfora del “choque de trenes”, puesta en circulación por los socialistas y por Duran para justificar una iniciativa compartida, ofrece una lectura muy distinta de la que pretendían sus promotores. Lo decía el otro día alguien a quien no pude identificar: si dos trenes están a punto de chocar es porque uno de ellos va por la vía equivocada. No existe equidistancia posible: sólo uno de los trenes ha errado; el otro va por la vía correcta. Y, para evitar la catástrofe, es preciso aclarar antes esa incógnita.

Para quien acepta la supremacía de los procedimientos legales como garantía de supervivencia de un estado de Derecho, no deberían existir dudas sobre cuál es el tren que circula por la vía incorrecta. Y si es así, de lo que se trata es de detener ese convoy y, si ello no fuera posible, intentar que su descarrilamiento provoque los menores daños posibles al tren que no ha cambiado de agujas. Duran y Rubalcaba nunca entendieron las implicaciones últimas de su propia metáfora. Puede ser, entre otras cosas, por las que ambos ya forman parte de la historia política de este país

En fin, después tantos años podríamos pensar en algo al azar: La química que dejó Rubalcaba por la política y la química a la que vuelve. Desgranen las diferencias, si pueden.

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