‘Lo esencial es invisible a los ojos’, entona el ébola en África


africaÁfrica de nuevo y, como siempre, regresa el mismo patrón: alternamos largos periodos de ignorancia absoluta hacia el continente con breves estallidos salpicados de locura, normalmente debidos al temor de que un brote de epidemia o terrorismo se extienda hacia nuestro territorio. No cabe duda de que debemos preocuparnos por el último brote de ébola procedente de África occidental, que ha infectado a casi 2.000 personas en los últimos seis meses.

Quizás deberíamos salir del estado de totum revolutum en el que nos encontramos con respecto a esto y pensar más allá de la visión frontal y única que nos ofrecen, ya saben, más allá de esa terrorífica y amenaza que puede suponer para Occidente… ¿Y si la verdadera alarma estuviera en lo que esta propagación del virus sobre el precario sistema sanitario en África? Y eso por centrarnos sólo en África porque podíamos escribir páginas y páginas sobre las desproporcionales desigualdades que existen en el planeta, ¿Gaza? ¡Ah, es verdad! Que de eso no toca hablar ahora…

Les propongo un juego con cuatro historias diferentes en las que no hay ningún Principito pero en las cinco se cumple aquello de: ‘Lo esencial es invisible a los ojos’. Comencemos.

 

Primera Historia: Cuando el ébola se convirtió en una enfermedad mortal en todo el mundo

Sin dudarlo, el ébola tiene un índice de mortalidad alto, pero no a nivel mundial. En este contexto, acudamos a los datos que, en definitiva, son casi indiscutibles; Según -Beer B, Kurth R, Bukreyev A. “Characteristics of Filoviridae: Marburg and Ebola Viruses”, Naturwissenschaften 1999-, la tasa de mortalidad del ébola y de su primo hermano, el virus de Marburg, varía dependiendo de las circunstancias. En esta publicación también se recoge el primer brote registrado de estas enfermedades, que tuvo lugar en Alemania y Yugoslavia en 1967, que presentó una tasa de mortalidad del 23%; bastante alta, pero muy lejos del índice de letalidad de entre el 53% y el 88% que han mostrado los brotes producidos en el África subsahariana 40 años después. Este primer brote ocurrió cuando nadie sabía nada sobre la enfermedad y cuando las unidades de urgencias y cuidados intensivos todavía no estaban extendidas por todo el continente europeo.

La probabilidad de muerte y riesgo en los individuos infectados por el ébola o el virus de Marburg en Occidente queda muy lejos de los porcentajes observados en cualquiera de los anteriores brotes. Los dos últimos estadounidenses infectados en Liberia, por ejemplo, están mejorando, y no por el suero mágico que recibieron, sino por la supervisión y el cuidado proporcionados por los trabajadores humanitarios y por la rápida evacuación a hospitales modernos con instalaciones de cuidados intensivos.

¿No será, entonces, que la posibilidad de morir de cualquier enfermedad en este mundo, el ébola incluido, la geografía tiene mucho que ver?

 

Segunda Historia: El tratamiento para el ébola es difícil de conseguir.

Un mejor acceso a los servicios de urgencias y de cuidados intensivos ayudaría a salvar a los pacientes de ébola y también a los afectados por los problemas anteriormente citados, que son mucho más letales.

Parece, según opiniones de expertos sanitarios que existen varios tratamientos efectivos para el ébola que pueden ayudar a las personas que pasan por las peores fases de la enfermedad e incrementar sus posibilidades de supervivencia. Recogiendo palabras de un amigo médico cooperante en esos países parece que “entre estos tratamientos se incluye la reanimación mediante fluidos intravenosos, glóbulos rojos, plaquetas, sustancias coagulantes para evitar las hemorragias, antibióticos para tratar las infecciones bacterianas más comunes, oxígeno, etc. Además, un equipamiento de diagnóstico moderno puede ayudar a médicos y enfermeros a seguir las constantes vitales para controlar a los pacientes en caso de complicación”.

Lo increíble de los tratamientos ya probados (a diferencia de los experimentales de los que habla la prensa) es que se pueden utilizar, además de para el ébola, para combatir otras enfermedades en toda África. En los últimos seis meses en los que el brote de ébola se ha llevado la vida de casi mil niños y adultos, sólo en el África subsahariana han muerto aproximadamente 298.000 niños de neumonía, 193.000 de diarrea, 288.000 personas de malaria y 428.000 por lesiones, por ejemplo en accidentes de tráfico.

 

Tercera Historia: Es la enfermedad más contagiosa por lo que el ébola llegará rápidamente a nosotros

El ébola no es la enfermedad más contagiosa que se conoce. No se transmite por el aire ni por aerosoles. Esto la hace menos contagiosa que otros portadores de enfermedades, como el sarampión, la varicela, la tuberculosis o incluso la gripe. El ébola se contagia sólo por contacto físico, especialmente por los fluidos corporales.

No obstante, piensa en lo que ocurre en África Occidental, donde se ha extendido el ébola rápidamente debido a la falta de medidas básicas sanitarias en hospitales públicos y clínicas con equipamiento precario. Muchos centros carecen de productos tan necesarios y básicos como guantes y batas, y en muchos otros escasea el agua o el alcohol, imprescindibles para la higiene. A diferencia de lo que pasa en Occidente, los hospitales en África tienen salas abiertas con docenas de camas amontonadas. En muchos casos, además, he visto a varios pacientes compartiendo una misma cama. Visto así, es fácil comprender cómo el ébola se puede extender con tanta rapidez.

La mejor forma para ayudar a África a contener este brote de epidemia es mediante la inversión y el despliegue de medidas básicas para el control de enfermedades infecciosas, como batas, guantes, agua y métodos de esterilización, junto con personal sanitario y de formación.

 

Cuarta Historia: ¿Es que en África no se puede hacer nada, son pobre y seguirá siendo pobres?

Salió el gordo: La verdadera tragedia del brote de ébola es que la mayoría de africanos no tiene acceso a los medicamentos, instalaciones y profesionales de los que disponemos en Occidente desde hace décadas, y que podrían haber evitado el descontrol de la epidemia. Además, se podrían haber empleado las mismas medidas para reducir la mortalidad causada por otras enfermedades que en la actualidad están matando cada día a mil veces más personas que el ébola.

Una prueba, Ruanda, uno de los países más pobres de África. Se aumentaron con rapidez las infraestructuras médicas y el suministro de medicinas y equipamiento en esta zona, para que los nuevos especialistas africanos tengan las herramientas necesarias para el cuidado de los pacientes más enfermos del continente.

El hecho de poner el foco continuamente en la alarma del contagio, que normalicemos escuchar y ver en los medios de comunicación muerte tras muerte de africanos… Todo esto antes de preocuparnos por todo el contexto de pobreza y desigualdad de muchas zonas del planeta hace que Antoine de Saint-Exupèry, eleve una de sus frases del famoso libro a mantra, eso que nos encanta decir, twittear pero ya lo de integrarla… cuesta, no conviene o a saber. Por si acaso aquí queda: “Lo esencial es invisible a los ojos”.

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