Bradlee, el rey león de los editores que enseñó el poder de la autocrítica al mundo


bradlee

Hay periodistas que representan toda una era. Ben Bradlee (1921-2014) es, con mucho, uno de los mejores entre ellos.

“Legendario”, “un nombre con cualidades mágicas”, “el rey león de los editores”. El día de su fallecimiento los halagos han llenado de tinta las páginas de los principales diarios del mundo. En papel y en digital, aquellos que lo conocieron y aquellos que lo admiraban no dudan en resaltar la figura de Benjamin Bradlee, el que fuera editor del diario Washington Post cuando el medio destapó el caso Watergate. Malhablado, carismático y dedicado a su profesión: quienes lo conocieron no dudan en hablar de un gran periodista. El último de los grandes editores.

El que fue director de The Washington Posttanto en momentos de gloria para el diario (Watergate) como de vergüenza profesional (fraude de un reportaje premiado con el Pulitzer) aprendió y transmitió lecciones de aplicación universal. Ben Bradlee (La vida de un periodista): “Cuando se trate de algo realmente grande, busca al menos alguien que muestre su desacuerdo y escúchale (…), busca a periodistas y redactores jefes que tengan sus reservas. Anima a la gente a que exprese sus peros”. Aristóteles aseguraba que “el adulador es una especie de amigo inferior” y hoy todos aceptamos que el mejor amigo es el que sólo habla mal de ti contigo.

 

Los principales medios despiden a Bradlee así
Washington Post: Recordando a Ben Bradlee.

El hombre que se divertía cazando grandes historias, y el editor que hacía divertida la caza. La redacción del Washington Post, Obama y otros periodistas americanos se desviven en halagos por Bradlee. “Una vez fui a pedirle un aumento de sueldo y su contestación fue: ‘deberías pagarme a mí por todo lo que te estás divirtiendo’. Tenía razón”, cuenta Walter Pincus.

Martha Sherrill en el Washington Post: Su sentido del estilo.

“‘Hey, Tigre’. Decía cosas así. Tenía saludos lujuriosos, epitafios exóticos y profanidades obsoletas con las que se salía con la suya. Era descarado, desinhibido”, lo recuerda Martha Sherrill en el Washington Post.

Washington Post: su vida.

Jill Abramson, en Time.

“Pero era mucho más que eso. Era su gran fuerza de carácter y sus agallas bajo fuego lo que lo hicieron indestructible”. La ex editora del New York Times, Jill Abramson, habla del ex editor de su competencia: “supuraba periodismo por todos los poros”.

David Remnick, editor de New Yorker.

El actual editor de la revista neoyorkina destaca anécdotas Bradlee, bajo el cual trabajó en el Washington Post en la era post-Watergate.

El New York Times. El editor que dirigió la cobertura del caso Watergate muere a los 83 años.

“Después del divorcio de Bradlee, un tercer matrimonio era una proposición cuestionable. Decía que una vez aseguró a un periodista que se casaría con Quinn cuando la Iglesia Católica eligiera a un papa polaco. El 16 de octubre de 1978, el cardenal Karol Wojtyla de Polonia se convirtió en papa. Cuatro días más tarde, la pareja estaba casada”.

Una vida encantada, encantadora. David Carr en el New York Times.

“Los periodistas son testigos que cuentan las accciones de personas que realmente hacen cosas”, escribe David Carr, “pero Ben Bradlee hacía cosas. Fue a la guerra, amó pronto y a menudo, hizo amistades y se enfrentó a presidentes, juraba como un marinero y festejaba como una estrella de cine”.

El presidente Obama. “Para Benjamin Bradlee, el periodismo era más que una profesión: era un bien público vital para nuestra democracia”.

Tom Shales, ganador de un premio Pulitzer, homenajea al que fuera su jefe en The Daily Beast. El último de los gigantes de periódico.

“Era duro, crujiente, contundente, igual que como lo representó Jason Robards en Todos los hombres del presidente, pero también era conocido por llorar en las películas tristes”.

En Vox: Cómo era coincidir con Ben Bradlee.

“Bradlee era mejor que cualquier otra persona de su generación a la hora de gustar, pero construyó su leyenda, y su periódico, porque estaba dispuesto a ser odiado en servicio del periodismo”.

Juan Cruz en El País: La fascinante tarea de Ben Bradlee.

“Bradlee había sido director de The Washington Post, había superado una polio, había hecho la guerra, había sido amigo personal (y adversario desde la prensa) de John F. Kennedy, había derribado a un presidente, se había encargado de redacciones y había cumplido, con mano de hierro, el dictado principal del oficio: cumplir el deber de confirmar los datos y las noticias, hasta la extenuación”.

Entrevista de 2009 en El País: “El fundamento del periodismo es buscar la verdad y contarla”.

“R. Los principios son para los dueños, no para los editores. Y para un periodista el principio fundamental es buscar la verdad y contarla. Es verdad que hay muchas verdades, es complicado buscarlas…”

 

Conocido por alegrarse ante su cese del puesto de editor antes de la llegada de internet, protagonizó este anuncio de la edición del Washington Post en iPad.

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