La dependencia emocional, barrotes de una cárcel de barro


paloma volando

En nombre de ese gran desconocido llamado amor, la historia está repleta de auténticas locuras y de tantas víctimas como verdugos. Curioso que alrededor del día de hoy, -Día Internacional de la Violencia de Género-, muchas violencias empiezan a doblegar, una de ellas la violencia sexual de algunos curas contra la infancia que hasta el propio Papa cuestionó. ¿Para qué llamarles curas si son la misma enfermedad?

La dependencia emocional es algo de lo que nadie, ninguna persona, estamos exentos cuando hay lazos afectivos, creencias religiosas o se está en la fase del enamoramiento. Esa propia dependencia emocional, económica te encierra en una cárcel seas hombre o mujer, sin embargo, por estadística son más mujeres las que padecen violencia de género de la que se ve y de la invisible, el maltrato psicológico que mina desde el mundo del ambiguo y de la dificultad de lo intangible.

A las víctimas se las tiene que ayudar, escuchar y no cuestionar sus palabras. A las víctimas se les tiene que ofrecer con delicadeza todo el apoyo institucional. Se las tiene que ayudar a que reconozcan su situación y reforzarlas para que se alejen de esa realidad perniciosa en la que viven. A las víctimas se las ha de saber entender entre líneas para saber que a veces dicen bastante más de lo que estamos escuchando. Hay que reconocer cuando piden ayuda, a veces desde el propio silencio.

Hay que desmontar estas trampas fáciles en las que en aras a una libertad inexistente en estas situaciones, se les exige que actúen como si realmente lo fueran.

Cuando la libertad de la víctima deja de existir y es frecuente que se culpen de las reacciones hostiles que reciben,  dando lugar a inversiones constantes de la responsabilidad respecto del malestar. Asimismo, demandan aquello que no les es dado espontáneamente y que se supone que han de estar  en las bases de un vínculo estable (atención, afecto, cuidado); los dependientes suelen entregar estos componentes de manera maximizada, por eso también  estos vínculos carecen de simetría.

Esto va a redundar en una autoestima cada vez más baja y sustentada básicamente en la necesidad de afecto por parte del agresor que, a su vez necesitará controlarla cada vez más haciéndola creer que si él, la vida de ella no tiene sentido.

Las prisiones no son sólo las de los barrotes. Hay otro tipo de prisiones que son invisibles, pero que existen y son mucho más represivas que las que se gestionan institucionalmente. Y si el estado de derecho busca la integración de las personas privadas de libertad temporalmente por sus errores, ¿por qué no actuamos de la misma manera con las mujeres que ya son víctimas de una situación de privación de libertad dentro de su propia situación de pareja?, ¿por qué seguimos negándoles la condición de víctima de una difícil situación y les prestamos toda la ayuda que necesitan?

Las trampas del patriarcado, su inmensa capacidad de trasformarse y adaptarse a los nuevo tiempos para subsistir tienen mucho que ver en esto.

Pero las trampas se pueden desmontar y en ello somos muchas las personas comprometidas. Quizás tantas o más de las que se puedan imaginar. Y por tanto seguiremos denunciando estas situaciones e intentando desmontarlas. Al final el material de nuestros barrotes lo elegimos nosotros, metal, hierro o el barro de la dependencia emocional que se puede moldear, romper e incluso disolver ¿Qué material eliges tú?

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