Ira, un veneno que uno toma esperando que muera el otro


Entre mis libros busqué algo que leí hace un tiempo y que, tras el atentado de París, mis ojos volvieron a caer en ello. Ya saben, como toda segunda ronda, descubre cosas que no habías percibido durante la primera vez, y les confieso algo que me suele pasar a menudo, me pregunto o si realmente lo habría leído alguna vez.  Hablo de Ira y Tiempo, ensayo psicopolítico donde Peter Sloterdijk da cuenta de lo que denomina Bancos de ira.  El auto rompe, a la vez, con los legados doctrinales del siglo XIX y con el saldo totalitario del siglo XX. Un pensador que lee a Hegel y a Nietzsche, a Marx y a Heidegger, sin ceder al chantaje acreedor de los grandes maestros alemanes. Un pensador, en suma, que conoce la tradición pero se relaciona secularmente con ella.

Todas las religiones monoteístas han evolucionado y se han acomodado a la necesidad histórica que reclamaba un pensamiento más plurivalente y abierto; se han adaptado y evolucionado reduciendo sus excesos de celo, salvo el Islam.

La evaluación de la historia de Occidente que propone el filósofo Peter Sloterdijk en su obra , devela el papel que ha tenido la presencia de la energía thimótica, tan importante en la mitología antigua y tan aparentemente olvidada en la cotidianidad. El thymos es esa parte de cada persona, una especie de órgano según el autor, del cual provienen las emociones relacionadas con el orgullo, la dignidad y el valor de sí mismo.

En la mitología antigua, las energías thimóticas dieron lugar a epopeyas que narraban los actos de los hombres en batalla, quienes poseídos por emociones incontrolables luchaban y daban su vida a cambio del honor. En el verso introductorio de La Iliada, considerada como el inicio de la tradición europea, aparece la palabra “ira”, descrita como causante del dolor de los aqueos, que embota al héroe Aquiles de una cólera incontrolable y lo conduce en su desenlace a la muerte. Esta historia tiene su rapsoda, Homero se encarga de cantar los versos que se narrarán a partir de entonces para que generación tras generación se mantenga el culto al héroe. A pesar de ello, el hombre de hoy, de oficina y corbata, está muy lejos de verse representado por dicha tradición: “Ningún hombre moderno puede retrotraerse a una época en la que los conceptos ‘guerra’ y ‘felicidad’ formaban una constelación llena de sentido”

Cuando Sloterdijk habla de la ira como promotora del cambio histórico se refiere a épocas pasadas en las cuales, mediante un banco de ira que permitía recolectar resentimientos individuales, se lograba la movilización de un grupo socialmente representativo contra otro grupo categorizado como enemigo: “En el campo de la lucha por el reconocimiento, el hombre se convierte en el animal surreal que arriesga la vida por un trapo de colores, una bandera o un cáliz

De esta manera apuesta Sloterdijk a meditar, en este discurso únicamente, sobre el título <<Dios>> como el lugar de depósito de ahorros humanos de ira, helados deseos de venganza, y como aquel que administra los saldos positivos de resentimiento. Pero, ¿qué ocurre luego de la muerte de Dios?, ¿quién se encarga de manejar el banco de ira acumulado a lo largo de tantos años?

Se trata de una nueva etapa en la historia que podría enmarcarse desde el comienzo de la Revolución francesa, con el desarrollo de una cultura de la indignación, momento en el que la izquierda política toma el mando al pretender controlar la ira almacenada de los indignados: “Fomentar la revolución significaba ahora participar en la construcción de un vehículo para un mundo mejor que se accionara con las propias reservas de ira y que fuera conducido por pilotos entrenados”

El filósofo alemán Peter Sloterdijk, considerado uno de los grandes pensadores del momento, ha afirmado que la historia de Europa está determinada por la metamorfosis de la ira.

“Somos personas ofendidas como individuos y queremos satisfacernos a nosotros mismos, pero en grupo también nos podemos sentir ofendidos y entonces desarrollamos un resentimiento colectivo e intentamos que ese resentimiento colectivo se convierta en una venganza viva colectiva”.

Sloterdijk alude en su obra a que la ira ya estaba presente en la Grecia clásica manifestada en la cólera de Aquiles que refleja la Ilíada, de Homero, pero dijo que en el año 2006, cuando él sitúa cronológicamente el final de su ensayo, “la cólera ha vuelto, la indignación; todo esto vuelve a estar presente pero más que antes”.

¿Y después de todo esto qué? Sigue pasando a lo largo de la Historia una y otra vez… y como la historia de las familias de Romeo y Julieta  William Shakespeare dibujaba a la ira como  “un veneno que uno toma esperando que muera el otro”.

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