El Quijote del maestro Hermida selló su ‘vale’


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No le escribo desde la Luna, tampoco desde Nueva York, hoy, querido maestro Hermida, elevo una palabras al cielo desde un rincón de Galicia sintiendo aquellas  primeras palabras que hicieron de una tímida vencer al peor de sus enemigos, yo misma.

¿La última palabra del Quijote? Un ‘hola, qué tal’,  bastante peculiar si no te llamas Jesús Hermida.

Un ‘vale’ que Cervantes usó para sellar su obra fue la antesala de un ¿cuéntame tu historia?, ¿qué te trajo hasta la televisión?

La verdad, nunca supe qué hacía alguien como yo delante de Jesús Hermida dibujando un sueño al que, todavía a día de hoy, sigo buscando sentido. Di mi palabra que encontraría algún camino que llenase mi corazón y algo que me encantaría, tocar el de los demás.

No era muy alto, más bien delgado pero, era su energía, la que proyectó sobre unas gafas color naranja que hizo saltar las lágrimas de mis ojos. “Querida: Los más grandes siempre fueron enormes tímidos”.

Para qué negarlo, aunque fuera por unos minutos, el maestro Hermida me hizo sentir maravillosa, algo que para mí no era muy habitual.

Muchos pensarán en Jesús Hermida hombre pero, me encantaría dibujarles una realidad, al menos la que tuve la fortuna de vivir. Es demasiado aquello de ‘detrás de un gran hombre se esconde una gran mujer”; yo prefiero “un gran hombre siempre lo acompaña una gran mujer”.

Mirada maternal con5 un carácter hacía temblar el suelo. Inteligencia, trabajo, esfuerzo y dedicación. Humanidad y honestidad. Humana en esencia. Tras un sinfín de experiencias, orientación y cariño qué mejor señal y herencia de maestro que dejar a su compañera, Begoña, como apoyo a los que quieren saber algo de eso que Gabriel García Márquez llamó ‘la profesión más bella del mundo, el periodismo.

“…Y con esto cumplirás con tu cristiana profesión, aconsejando bien a quien mal te quiere, y yo quedaré satisfecho y ufano de haber sido el primero que gozó el fruto de sus escritos enteramente, como deseaba, pues no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías, que por las de mi verdadero don Quijote van ya tropezando y han de caer del todo sin duda alguna. Vale”, sellaba Cervantes.

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