Entre sus manos de ébano


Si pudiera saber cómo mi corazón llegó hasta las orillas del Misisipi y cómo de repente pudo sentir el lenguaje del soul,  quizás llegaría a comprender, que cuando el  abuelo Simón agarraba los tirantes con sus manos de ébano erosionadas y me decía, “corazón las casualidades no existen”, era mucho más que una frase.  Las calles rodeadas de plantaciones de algodón, con olor a comida cajún y criolla, enmarcaban la bellezasin mascaras, la de su propia decadencia. Nueva Orleans abre el corazón de los que descubren la elegancia que otorga el amor por encima del propio amor. Así una periodista se propone enfrentarse  a la peor de la historias, la suya propia,  a la que abrazan para siempre sus manos de ébano, que como la frase del abuelo, siempre fue mucho más que un libro. Orillas de Ébano. El swing del destino

 

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